24 de Noviembre del 2017

Saberes ancestrales y nuevas tecnologías productivas

Saberes ancestrales y nuevas tecnologías productivas

La agroecología, uno de los ejes abordados en el documental Los Transmisores, es analizada aquí por dos especialistas en el tema.

Según la definición del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la agroecología debe entenderse como un “concepto dinámico” que tiene como claves a la ecología, la agricultura sustentable y el equilibrio entre sistemas complejos. Desde la organización Food and Agriculture (FAO), agencia para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas, explican que la agroecología puede comprenderse desde tres enfoques: como disciplina científica, como conjunto de prácticas y como movimiento social: “Como ciencia, estudia cómo los diferentes componentes del agroecosistema interactúan. Como un conjunto de prácticas, busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción. Como movimiento social, persigue papeles multifuncionales para la agricultura, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales”.

En este marco, núcleos de agricultura familiar como los que Aluminé Martínez y Jeremías Chauque llevan adelante en Desvío a la Raíz resultan esenciales para el entramado social y productivo de la agroecología. “Ellos son los guardianes reales del conocimiento y la sabiduría necesaria para esta disciplina. Por lo tanto, los agricultores familiares de todo el mundo son los elementos claves para la producción de alimentos de manera agroecológica”, distingue la web oficial de FAO.

En medio de un sistema económico-productivo vinculado con sistemas extractivos de alta intensidad asociados al monocultivo y a la utilización extendida de agroquímicos, la agroecología busca recuperar modelos productivos basados en saberes ancestrales que se adecúan a nuevas tecnologías. Y que, fundamentalmente, se basan en el entendimiento y respeto por los procesos naturales.

En la provincia de Santa Fe, en 2009 la Dirección de Desarrollo Territorial (dependiente del Ministerio de la Producción) comenzó a desarrollar el programa De Mi Tierra Santa Fe, que tiene como objetivo central el de identificar y promocionar “producciones agroalimentarias destacadas”.

“Es una marca colectiva, que da una certificación a partir del chequeo de procesos que están reglamentados. Tiende a los productores más débiles de la cadena, que tienen más dificultades para cumplir con exigencias que muchas veces están pensadas para la exportación. Pensamos en una marca colectiva rescatando conceptos de solidaridad y trabajo cooperativo”, explica Alejandro Marengo, director provincial de Desarrollo Territorial.

Y amplía: “El vínculo con De mi Tierra Santa Fe y los procesos de apoyo a la producción agroecológica es bastante más reciente, empezamos a trabajar en 2016. En un principio lo que solicitamos a los productores como requisito para ser licenciatarios de la marca provincial es que produzcan sin el empleo de productos de síntesis química. Ese es el requisito principal y lo que certificamos con la marca provincial es que esté elaborado sin agroquímicos. Después la agroecología en sí incluye otras dimensiones de trabajo, mucho más amplias, como por ejemplo las formas de comercialización, de distribución de los ingresos y beneficios, los valores que orientan la producción”.

En ese contexto, Marengo remarca que la concepción agroecológica no va en desmedro de la productividad. “Producir de forma sustentable, sin empleo de agroquímicos, es posible, está más que demostrado. No es un problema de técnicas, sino que tiene que ver con un modelo de producción imperante que hoy lleva a que los productores no generen innovaciones en la línea de otro modelo. Es muy importante resaltar que la producción agroecológica es una tecnología. Que no depende de insumos, como la tecnología del modelo convencional, sino que es una tecnología basada en procesos. Con lo cual hay muchos saberes ancestrales que es necesario retomar, pero hay que ponerlos en clave del Siglo XXI. No es volver a hacer lo que se hacía antes, sino aggiornar esos conocimientos ancestrales a las nuevas posibilidades. La provincia de Santa Fe está siendo pionera en el desarrollo de estas nuevas tecnologías, tanto de insumos productivos ecológicos como en las nuevas técnicas y procesos que hay que desarrollar”.

A partir del respaldo a este modelo orientado a la agroecología, desde el Ministerio de la Producción detectan una buena recepción de parte de un número creciente de productores agropecuarios: “Hay muchísima permeabilidad por adoptar otros sistemas de producción. Por muchas razones. Hoy en día para el pequeño productor el esquema convencional de producción les da muy poco margen, porque son sistemas productivos de escala, sistemas insumo-dependientes. Necesariamente para que cierren los números en esos modelos hay que aumentar la escala productiva, y eso para la gran mayoría de nuestros productores en la provincia de Santa Fe tiene un límite. En algunos se ve mucho más rápido, como en la agricultura familiar, en otros se ve más a mediano plazo, como el sector de los chacareros de Federación Agraria, por ejemplo. Pero están todos encorsetados en este sistema basado en insumos y a escala. Eso tiene límites económicos y naturales. Entonces hay mucha aceptación de una propuesta distinta y también hay una nueva conciencia de los productores vinculada al impacto ambiental y en la salud que está teniendo el modelo hegemónico de producción, el modelo insumo-dependiente”.

 

Formación agroecológica

Jeremías Muller es ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario. En esa casa de altos estudios coordina el Sistema Integrado de Producciones Agroecológicas (SIPA), que comenzó a funcionar este año como respuesta al reclamo de diversos sectores que apuntaban a que la Facultad “se involucrara en ciertas problemáticas productivas y tratara de generar conocimiento por otro andarivel, el de la agricultura convencional”. Así lo explica Muller, responsable de coordinar los trabajos de investigación en las 12 hectáreas donde los estudiantes llevan a cabo prácticas preprofesionales en conexión con distintas cátedras.

“Empezamos a sembrar cultivos y a generar conocimientos, indicadores, midiendo distintas dimensiones que tienen estos sistemas, midiendo qué pasa en términos ecológicos, técnico-productivos, económicos. Viendo los márgenes agropecuarios que dejan estos sistemas, que en general tienden a rendir menos, porque hay cosas que no se combaten sin la utilización de fito-sanitarios, pero en paralelo hay un menor costo de producción”, detalla el ingeniero.

Sin embargo, no son sólo aspectos técnico-agropecuarios los que se buscan difundir desde el SIPA.

“La agroecología, además de hacer más ecológicos los sistemas de producción, plantea la coevolución de los sistemas sociales con el ambiente. Entran en juego cuestiones políticas, de formación de cadenas de valor, de comercialización de productos. En la Facultad es más difícil meterse en esas construcciones, que tienen que ver con la construcción territorial. Lo que hacemos es generar una propuesta productiva, con la idea de que vaya diversificándose. La idea es armar una red de productores e ingenieros agrónomos para que visiten el lote y vayan formándose en los sistemas de producción agroecológicos en distintos momentos de la campaña agrícola, como un intercambio de experiencias”.

En su apuesta por un modelo de producción extensivo, el SIPA apunta a recolectar información vinculada a la producción agroecológica de trigo, soja, maíz y sorgo. “Hay muy poca experiencia en lo que son sistemas de producción agroecológicos extensivos en el sur de la provincia de Santa Fe. Es más sencillo hacer agroecología en sistemas intensivos como los hortícolas, frutícolas o ganaderos (con sistemas de pastoreo racional, regenerativo), donde es más fácil manejar los sistemas con distintos factores. Pero tenemos poca información en relación a los cultivos tradicionales de esta región sin el uso de fitosanitarios (o minimizando el uso). Entonces para poder instalar la idea, para formar estudiantes, tenemos el doble desafío de medir e investigar al mismo tiempo: para enseñar necesitás tener información. Para mostrar resultados tenemos que medir todos los años las distintas campañas. Eso hace que sea un recorrido largo el que nos permita tener información nutritiva. Muchos estudiantes tienen el espíritu de hacer las cosas de un modo distinto, hay una generación de chicos que están buscando otro tipo de conocimiento, que tiene que ver con la agroecología, y eso nos motiva. También me parece que la agroecología tiene que ver con el despertar de cada uno. En el sentido de que la mayoría de los productores van a los números, a la rentabilidad, pero cada tanto aparece un tipo que se da cuenta. Es una conciencia ética la de entender que se está matando toda la biodiversidad del campo, tirando productos que afectan a flora y fauna. Esas personas, desde un despertar, empiezan a buscar respuestas desde otro ámbito de la agronomía, y ahí entra en juego la agroecología”.

Ese cambio en los modelos productivos implicará, además, romper con la concentración del capital, según analiza Muller: “El fondo de la cuestión es la apropiación del valor de los alimentos. En el sur santafesino, y diría que en buena parte de Córdoba y Buenos Aires, las ventajas comparativas en relación al clima y el suelo, que es una llanura, hicieron que se estructure un agro que fue haciendo desarrollos tecnológicos de áreas más grandes, trabajando más superficie. Lo que hace eso es concentrar el capital, la riqueza que genera la tierra y la producción, en productores que para ser competitivos fueron aumentando su escala de producción. En realidad eso atenta, y es lo opuesto, al recorrido de la agroecología, donde hay pequeñas unidades productivas. Donde esa renta la capta la familia, o un emprendedor, pero dimensionando un sistema de producción en menor escala. Se atomiza la apropiación de la plusvalía, la riqueza de la tierra y del trabajo. La agroecología lo que plantea es que, en vez de que haya un feed lot con dos mil vacas, o seis naves de cría de pollos, haya unidades productivas más chiquitas. Entonces, en lo que en un sistema de grandes producciones se llevan tres familias, se lo pueden llevar veinte familias en mucha menos escala en el territorio. La agroecología también discute éso, el reparto. Es la ecoevolución de los sistemas sociales y económicos a través de la articulación y la construcción política”.

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