28 de Agosto del 2018

Historias que narran vínculos

Historias que narran vínculos

Los documentales Pequeños Museos y Guía para plantarse en la costa estrenan este viernes en Cine El Cairo

A modo de cierre del proceso de trabajo del Laboratorio Audiovisual de Documental de Creación 2017, este viernes 31 agosto se concretará el estreno de Pequeños museos de Agustín Sánchez Ordóñez y Guía para plantarse en la costa de María Emilia Cortés. La función, prevista para las 20.30, se desarrollará en Cine el Cairo (Santa Fe 1120).

Luego de las proyecciones de Temperamentoº y Frankie, la puesta en pantalla de estas nuevas producciones completan el ciclo de estrenos de los cuatro proyectos desarrollados a lo largo del 2017 en el marco del Laboratorio impulsado por Señal Santa Fe y coordinado por Hernán Khourian, quien reflexiona aquí acerca de estas realizaciones. “Los documentales son muy distintos entre sí. El de Agustín es un trabajo casi arqueológico, trabajando sobre la relación de estos pequeños museos, que era la premisa de todo el trabajo: tratar de vincular los objetos con determinados personajes. Un poco la idea de este proyecto era jugarse y armarse como un rompecabezas. Creo que en ese sentido fue un trabajo coral, donde se hicieron muchos de esos retratos para, al final, buscar un diálogo entre ellos, elegir sólo algunos y armar un rompecabezas”, indica el docente y tutor.

En Pequeños museos, la publicación de un aviso clasificado en el diario La Capital de Rosario es el punto de partida para salir a la búsqueda de historias. Un disparador que, para Khourian, resulta una marca distintiva: “Lo interesante es que, desde el vamos, planteaba una investigación, tenían que buscar aquello que querían filmar pero desde un trabajo de producción específico. Y este tipo de propuesta necesita de un planteamiento en el tiempo, realizar muchos retratos de distintas características (edad, tipo de relato, etc), donde hay que estar atentos a armar y desarmar, y aprovechar lo que queda entre lo que se arma y desarma. En este caso, esa relación entre buscar y encontrar estaba muy clara desde el dispositivo que crearon, era la clave del proyecto. En ese sentido, es un documental episódico, intenta armar todas esas células en las tramas urbanas, desde los signos de la ciudad, buscando el vínculo entre los objetos y las personas, que no es ni más ni menos que hablar de la memoria, de la intimidad”.

- ¿Cómo se trabajó la selección de las historias que finalmente se incluyeron en el documental?

- Me parece que en principio el proyecto tenía cierto romanticismo, con la memoria ligada al paso del tiempo, y a buscar personajes con una experiencia de toda una vida recorrida. Entonces empezamos a trabajar, por ejemplo, en cómo sería la memoria de un niño en relación al objeto que elegía mostrar, pensar en distintas edades, y ahí el proyecto ganó en matices, pasó de cierta cosa nostálgica, a algo más vital. Me parece que en el corte final queda una especie de constelación de distintas variables ligadas a la memoria y los objetos que es muy interesante.

Repitiendo una característica ya distintiva del Laboratorio, en Guía para plantarse en la costa el proyecto original fue modificándose a lo largo del proceso de trabajo. Una modificación que contempló también la intervención sobre el título original, pensado primeramente como "Guía para plantar la costa". Y no es ese un cambio menor. “Me parece vital –coincide Khourian--. Pasó de una cosa más general, a algo más singular y político. Lo interesante del proyecto es cómo partir de un espacio maleable y cómo dentro de ese paisaje encontrar el vínculo con las personas, cómo se compone el vínculo entre el espacio y los sujetos que lo habitan. Guiado a través de cierto aura que recorre el trabajo ligado a lo femenino, a la forma de habitar el espacio de esos cuerpos, la directora construyó  retratos de mujeres de distintas edades siguiendo su vida cotidiana en la costa ese río. Para el realizador y docente, el documental de Cortés se articula desde la observación, con un trabajo descriptivo minucioso. “Tiene esa idea de trabajar el paisaje como un personaje, y los personajes recorriendo ese universo particular –amplía Khourian--. Un poco la idea es observar, con cierta parsimonia, ese mundo sutil, cotidiano, ligado a los animales, las plantas, el río, a las personas que lo habitan, que tiene su vida alrededor del paisaje, como rituales. Hay algo alrededor de este mundo que se juega desde la observación y desde una poética, y que me parece que es muy preciso”.

En esa práctica observacional, paciente y atenta, aparece la mirada autoral de María Emilia Cortés. “Hay una voluntad de observar, día a día, los mínimos movimientos del agua, de un camalote, una orilla, los límites de la tierra y el agua. Esa sutileza entre las líneas del paisaje, donde está la significación del que observa. Es un trabajo que tampoco tiene off, pero hay una idea de la palabra que se vincula también a ese paisaje. Hay líneas de desarrollo muy sutiles, que tienen que ver con la mirada de Emilia”, concluye Khourian.

 

 

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